lunes, 4 de julio de 2011

Entreno en la Pedriza

por biciatleta25


Perdido como un quinto en día de permiso...  igual que la letra de Sabina, así estoy yo, y por afinidad y simpatía, creo que Tibu también.

Ayer y sin existir un objetivo, finalidad, meta, propósito... claro, nos metimos un palizón de narices en la Pedriza.

A las ocho de la mañana ya estábamos dando zapatillazos en el aparcamiento de Canto Cochino. Empezamos subiendo por la Autopista de la Pedriza para alcanzar el Refugio Giner en menos de 15'. La verdad es que no íbamos nada fuertes, pero el tiempo nos resultó muy bueno.

Continuamos por el PR-2 hasta el cruce con el Arroyo de los Poyos (en esta ocasión, con poca agua) donde cruzamos a la otra orilla para coger la senda que nos llevaría al Collado de la U.

La subida se las trae, tramos con pendientes del veintitantos por ciento de desnivel, es la tónica incesante y obstinada del camino hasta el citado collado.

Por darle un sentido algo racional a tal animalada de entrenamiento, le dije a mi acólito que podíamos intentar llegar al Collado de la U en menos de una hora. Nos pusimos a ello, y recordando la figura de Miguel Heras en la subida del tubo de Cabezas, pasitos cortos, brazos dinámicos, zetas para aliviar la pendiente y un cierto grado de testarudez, nos colocamos en el collado en 59'.

Decir para no engañar a nadie, que hubo sitios donde la pendiente nos hizo andar, pero puedo garantizar que de las 160 pulsaciones no bajamos ni andando.

Tras un pequeño respiro (un par de minutos, para qué más) continuamos hacia el Puro, la Esfinge, el Ventanillo, y para consumar la borricada, las Torres (parte más alta de la Pedriza, 2029 m) donde visitamos el risco del Dedo de Dios.




Tras deleitarnos y recreanos de la impresionantes vistas de la Pedriza anterior y de la Cuerda Larga, nos pusimos de nuevo en marcha para afrontar, lo que personalmente más me gusta, la bajada.

Esta la hicimos por el PR-2, que al igual que en la subida al Collado de la U, las pendientes se las traía.

Poco a poco, según le íbamos ganando la partida a la bajada, el ritmo lo fuimos aumentando. Más de una vez tuvimos que parar para no llevarnos a algún senderista por delante, y más de una también, darnos la vuelta para regresar al camino. Bajar rápido e intentar no calzarte un mamporro, que alguno hubo, no es muy compatible con seguir las marcas del camino.

Poco más que contar... pequeño baño en el Manzanares para limpiarse los churretes de las zancas y una cerveza para refrescar el gaznate.

No hay comentarios:

Publicar un comentario